Obtención de subproductos del alpeorujo mediante evaporadores al vacío
El alpeorujo es un concentrado que se obtiene en el proceso de producción del aceite de oliva, y está compuesto por los distintos restos que quedan de la aceituna tras haberle extraído el aceite, es decir, las partes solidas, el alpechín y los restos de aceite que no se han podido extraer después del proceso de centrifugación.
Este alpeorujo, antaño considerado como un residuo, debe ser considerado a día de hoy como un subproducto, ya que puede ser valorizado y reutilizado para los siguientes usos:
Aceite de orujo. Se realiza con la grasa que queda adherida a los restos de la extracción del aceite de oliva extra y refinado. Se trata de un aceite de calidad inferior y que ha presentado problemas de toxicidad en diversas ocasiones.
Combustible para la generación de energía eléctrica y térmica. El único inconveniente es la gran producción de cenizas que se obtiene al quemar el alpeorujo.
Gracias a su alto contenido de materia orgánica y micronutrientes puede ser utilizado también como abono biológico. La aplicación del compost de alperujo en el olivar permite retornar al suelo los nutrientes extraídos con la cosecha. Hoy en día existen diversas empresas que se dedican a recoger el alpeorujo de las almazaras para obtener el concentrado de materia orgánica y volver a venderlo a las mismas almazaras como abono.
Asimismo, el alpeorujo también contiene componentes antioxidantes, de interés para la industria farmacéutica, y puede ser utilizado para la producción de pectinas, compuesto utilizado en la industria alimentaria.
Para que el alpeorujo pueda ser transformado en uno de estos subproductos ha de ser tratado, de forma que podamos separar lo que es el concentrado de materia de las aguas depuradas. Existen diferentes alternativas para el tratamiento del alpeorujo como residuo, pero la que permite obtener un concentrado de mayor calidad para su posterior reutilización como subproducto es la evaporación al vacío.
Los lodos obtenidos mediante los tratamientos biológicos y los tratamientos físico-químicos no son tan ricos en materia orgánica, ya que lo que estos métodos pretenden es precisamente eliminar esa materia y obtener un fango que se habrá de enviar a un gestor de residuos. Así pues nos encontramos con un fango que contiene un concentrado de muy baja calidad y que además contendrá restos de los productos y bacterías utilizados para eliminar el alpeorujo, lo que desaconseja todavía más su uso si lo que se pretende es obtener un subproducto que pueda ser reutilizado como abono.
Con un evaporador al vacío por bomba de calor se consigue concentrar la materia orgánica pura, separándola del agua y el alcohol que contiene el alpeorujo. Este concentrado ya puede ser aplicado a los distintos usos que se han comentado anteriormente.
Para almazaras con niveles de producción medios y altos, que generan una alta cantidad de alpeorujo, la evaporación al vacío constituye una solución muy interesante, ya que puede ser rentabilizada en un plazo razonable de tiempo y ofrece unos resultados excelentes desde la óptica de la gestión de residuos.
A nivel económico, los resultados obtenidos con el evaporador al vacío nos permiten generar ciertos ahorros en costes variables, ya que se eliminan los fangos que periódicamente se han de enviar al gestor de residuos, y a la vez se obtiene abono para la plantación de nuevos olivos sin necesidad de comprarlo a los proveedores.
El alpechín es un líquido negruzco y fétido, formado principalmente por agua, materia orgánica y minerales, que se obtiene en el proceso de extracción del aceite de oliva. Este residuo relativamente rico en materias orgánicas es un elemento de contaminación que crea un problema real a la industria oleícola.