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Ingeniería ambiental

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Tratamiento de aguas residuales, efluentes y aire al servicio del Medio Ambiente

Historia sobre el tratamiento del agua potable

baños_romanosEl agua es un elemento esencial para la existencia de vida en nuestro planeta. Todos los seres vivos somos, en mayor o menor medida, agua y necesitamos consumirla de forma continuada para vivir.

Es por ello que la humanidad ha almacenado y distribuido agua prácticamente desde sus orígenes. Desde las primeras técnicas de almacenaje, limpieza y distribución hasta las infraestructuras y tecnologías actuales para el tratamiento de aguas, reciclado de aguas y depuración de aguas ha transcurrido una larga historia, que de forma muy breve os queremos resumir en este post.

Los primeros asentamientos continuados de nuestros antepasados siempre tenían lugar en ubicaciones donde hubiese agua dulce disponible, como lagos y ríos. Y fue entorno al agua donde se originaron las primeras formas de sociedad, tal y como la concebimos hoy en día.

Cuando estas formas primitivas de sociedades empezaron a evolucionar y crecer de manera extensiva surgió la necesidad de buscar otras fuentes diferentes de agua. El constante incremento de la población humana no siempre hizo posible que estas sociedades crecieran entorno a fuentes de fácil acceso como lagos y ríos, por lo que las personas se vieron obligadas a desarrollar sistemas que les permitieran aprovechan los recursos de agua subterráneos, dando origen a las primeras construcciones de pozos.

Los primeros antecedentes los encontramos en Jericó (Israel) hace aproximadamente 7.000 años, donde el agua era almacenada en los pozos para su posterior utilización. Como el agua había de ser trasladada de los pozos a otros puntos donde era necesario su uso, se empezaron a desarrollar los sistemas de transporte y distribución del agua. Este transporte se realizaba mediante canales sencillos, excavados en la arena o las rocas.

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Los españoles consumimos 36.993 millones de metros cúbicos de agua potable en 2008

wash_handDurante 2008, los europeos hemos utilizado un total de 272.734 millones de metros cúbicos de agua, según el “Panorama estadístico sobre Agua Saneamiento en Europa – 2008”, presentado por la Federación Europea de Asociaciones Nacionales de Servicios de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (EUREAU). Este informe analiza el origen del agua y el uso que se le da en Europa. De toda el agua utilizada, 36.816 millones de metros cúbicos se destinaron al abastecimiento de las poblaciones, por lo que nos queda una cantidad  de 235.918 millones de metros cúbicos que han sido utilizados para otros usos, principalmente agricultura e industria.

Otros datos a destacar son que se necesita una red de tuberías de distribución que alcanza una longitud de unos 3,6 millones de km (equivalentes a dar la vuelta al mundo 87,5 veces) para que el agua llegue al grifo de los hogares europeos. Además, son necesarios 2,2 millones de km de tuberías para recoger las aguas residuales.

Para proveer los servicios de agua y saneamiento, 74.578 operadores de toda Europa emplean a 584.705 personas, en un sector que invirtió 33.396 millones de euros en 2008.
Por lo que respecta a España, se consumen 36.993 millones de metros cúbicos de agua potable, con la agricultura a la cabeza, ya que es responsable del consumo de 24.045 millones de metros cúbicos. Por otra parte, se destinan 1479 millones para el uso doméstico y 1.110 millones de metros cúbicos para uso industrial. Este dato vuelve a reflejar la importancia de que cada industria adopte las medidas de tratamiento de aguas más adecuadas para sus características, con el fin de optimizar el consumo de agua.

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Algunas variedades de olivo toleran el riego con aguas salinas sin detrimento de la producción

ulivo1Tras más de nueve años de estudio, científicos del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba han podido concluir que “no hay diferencia ni en el crecimiento del olivo de variedades habituales como Picual, ni en la producción, ni en el tamaño o calidad del fruto entre un olivo regado con agua no salina y otro regado con agua salina”, explica Ricardo Fernández-Escobar, responsable del proyecto financiado sobre todo gracias al Plan Nacional de Investigación.

Este hallazgo amplía las posibilidades de riego de los agricultores que se dedican al olivo, ya que las aguas salinas, frecuentes en tierras de pocas lluvias, en general no son beneficiosas para los cultivos ni aptas para el consumo humano. Sin embargo, este grupo científico ha descubierto que “las variedades más habituales en el cultivo (sobre todo la Picual), toleran hasta 6 gramos y medio de sal por litro de agua”. Para hacerse una idea, esta medida supone un grado de salinidad 5 ó 6 veces menor a la salinidad marina.

Este descubrimiento resulta especialmente positivo, sobre todo en lugares de poca agua donde hay que echar mano de este tipo de soluciones de cara a optimizar el consumo y tratamiento de aguas

Beneficios del calcio

Además, este grupo ha logrado averiguar que los olivos en general son bastante tolerantes al cloruro pero no así al sodio (ambos iones específicos de las sales). Para evitar el efecto pernicioso del sodio sobre una plantación de olivos “hay que añadir calcio al agua de riego -afirma el profesor Fernández-Escobar- ya que el calcio retiene el sodio en las raíces impidiendo que el sodio pase a la planta aérea y evitando así su toxicidad”. De este modo, el agricultor, tras un análisis del agua con la que cuenta, puede tomar medidas para poder regar con ella sin consecuencias negativas.

El grupo de Ricardo Fernández-Escobar sigue trabajando en la mejora de la nutrición global del olivo y, como él mismo explica, “ahora estamos realizando ensayos desde Huelva a Jaén para que haya ejemplos directos en cada una de estas zonas de los aspectos importantes de la nutrición del olivar como son la deficiencia de potasio o el exceso de nitrógeno, que se aplica por costumbre pero genera muchos problemas ambientales y de producción”.

El dióxido de cloro estabilizado y su eficacia en el tratamiento y prevención de la legionella

legionellaLa legionelosis es una enfermedad bacteriana de origen ambiental que suele presentar dos formas clínicas diferenciadas: la infección pulmonar, que se caracteriza por neumonía con fiebre alta, y la forma no neumónica, conocida que se manifiesta como un síndrome febril agudo y de pronóstico leve.

Este virus tiene su nicho ecológico natural en aguas superficiales, como lagos, ríos, estanques, donde forma parte de su flora bacteriana. Desde estos reservorios naturales la bacteria puede colonizar los sistemas de abastecimiento de las ciudades y, a través de la red de distribución de agua, se incorpora a los sistemas de agua sanitaria (fría o caliente) u otros sistemas que requieren agua para su funcionamiento como las torres ycircuitos de refrigeración

A día de hoy todavía es frecuente encontrar instalaciones mal diseñadas, sin mantenimiento o con un mantenimiento inadecuado, en las que no se utilizanproductos químicos para la protección y prevención contra la legionella. Este tipo de instalaciones favorecen el estancamiento del agua y la acumulación de productos nutrientes de la bacteria. Si además existe en la instalación un mecanismo productor de aerosoles, la bacteria puede dispersarse al aire. y penetrar por inhalación en el aparato respiratorio humano.

Para evitar la irrupción de brotes de legionella es necesario un correcto mantenimiento de aquellas instalaciones que sean susceptibles de crear y transmitir esta bacteria. En este sentido, el dióxido de cloro se ha revelado como un método eficaz para tratar y prevenir el origen de la enfermedad.

El dióxido de cloro es un biocida oxidante, no un biocida tóxico. Esto significa que mata microorganismos por la interrupción del transporte de nutrientes a través de la membrana celular, no por interrupción del proceso metabólico.

Además, el dióxido estabilizado de cloro es un oxidante mucho más selectivo que el cloro o el ozono, ya que sólo reacciona con compuestos de sulfuro reducidos, y aminas secundarias y terciarias, y algún otro reactivo reducido orgánico activo. Esto permite mucha menor dosificación de dióxido de cloro, que podremos controlar con los equipos de dosificación y control de productos químicos, para lograr un residual más estable que el ozono y el cloro. Cabe destacar también que la eficacia biocida del dióxido de cloro es por lo menos tan elevada como el cloro o la lejía (hipoclorito sódico) frente a la Legionella, aunque en concentraciones más bajas.

Os invitamos a descargar el siguiente artículo, en el que encontrarías mucha más información sobre la enfermedad, cuales son los lugares más propicios para su incubación, así como las importantes ventajas que el dióxido estabilizado de claro presenta frente a otras soluciones más tradicionales.

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